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Día 24: la relentisidad del tiempo

Cuando uno está aprendiendo física casi siempre empieza con lo más sencillo, la cinemática: posición y tiempo. La importancia del tiempo para poder fijar dónde está algo hizo creer que esta debía ser una cantidad absoluta y universal: no importa donde estés, siempre verás que el tiempo tiene el mismo ritmo. Albert Einstein, a principio del siglo pasado, para poder darle sentido a varios fenómenos que se estaban observado, tuvo que concluir que no, que el tiempo no es absoluto, el tiempo es relativo y depende de la velocidad con la que te muevas respecto a alguien más. Claro, para comprobar que esto es cierto tendrías que utilizar instrumentos de alta precisión por una sencilla razón: nuestra percepción del tiempo SIEMPRE ha sido relativa.


Precisamente a Einstein se le atribuye una frase que describe muy bien esto "cuando estas con una chica guapa por una hora, se siente como solo un minuto, pero si pasas un minuto sentado en una estufa eso se sentirá como una hora".


Como percibimos el tiempo depende mucho de nuestro estado emocional y en estos días se ha hecho muy evidente. No por nada hay tantos memes y tuits graciosos haciendo referencia a lo largo que fue marzo y lo eterno que será abril. Sin todas esas actividades que llenaban nuestros horarios nuestra escala de tiempo se ha visto severamente alterada. No estamos acostumbrados a este ritmo de vida. Vaya, ni siquiera los ñoños antisociales que decíamos tener algo de experiencia en estar encerrados en casa estábamos preparados para esto. Es algo totalmente inédito.


En estos días ha habido algunos que simplemente me cuesta trabajo creer que avancen tan lento. Siento que hice varias cosas para "ocuparme" y cuando veo el reloj todavía falta mucho para la hora de la comida o para cenar (los momentos del día que REALMENTE importan). Tal vez esa lentitud en el tiempo no se deba solo a que no sepamos que hacer con él, si no también a que estamos ansiosos de que estos días ya queden atrás. Queremos volver a salir sin tener que preocuparnos si podemos o no tocarnos la cara, sin miedo a que la persona que esté frente a ti te vaya a contagiar, o que uno vaya a contagiar a nuestros seres queridos. Queremos volver a la "normalidad". Pero como bien dicen, esa "normalidad" ya iba mal y en gran parte nos metió en este problema. Solo días antes que el coronavirus acaparara la atención de los medios, lo que se discutía era el machismo, la violencia contra las mujeres y la violencia en la que está sumido este país. Y si creen que eso no tiene nada que ver con el coronavirus, entonces todavía no entienden la extensión del problema que es el machismo, el neoliberalismo, el egoísmo y la falta de respecto por la vida en general.


Pero no todo es oscuridad. Hoy hubo uno de esos eventos que me sacaron de la rutina y en la que experimenté ese cambio en la percepción del tiempo. Después de varios años, me reuní por Skype con viejos amigos y colegas del doctorado. A un par de ellos los pude ver en persona el año pasado, pero a varios de ellos no los he podido ver desde que volví a México. El gusto de verlos fue tal que esa llamada, que duró más de una hora. la sentí como si hubiera durado unos cuantos minutos. Si hay algún aspecto positivo de esta pandemia global, es que al darle un freno a nuestro ritmo frenético de vida, hemos encontrado el tiempo para reconectarnos con viejos amigos.


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