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Yo, racista. Parte II

Al llegar a l'Aeroport de Barcelona no esperaba sentir el choque con el idioma. Realmente había leído poco de la ciudad en la que iba vivir; sabía que es parte de España, que ahí está uno de los mejores clubes de futbol del mundo, que se habla el catalán y que este es parecido al español. No me esperaba que en el aeropuerto el primer idioma en la señalización (el idioma en que están escritas las indicaciones con la letra más grande) fuera el catalán. Sortida, arribades, serveis, botigues, lloguer de cotxes, palabras que en efecto tenían un parecido con el español pero que jamás había visto en mi vida.


Al día siguiente fui a la Universitat tan temprano como el jetlag me lo permitiera. En el metro noté que la gente efectivamente iba hablando catalán. También había muchos hablando español, pero catalán era lo que más sonaba. Ya en la universidad conocí a quienes serían mis futuros compañeros del doctorado y me fui a comer con ellos. Era un grupo diverso con gente de Italia, Islas Canarias y un par de catalanes. Durante la comida salió el tema del idioma y expresé mi sorpresa al ver que en una ciudad de España la primera lengua no fuera el español. "Bueno, para empezar no existe tal cosa como español" me corrigieron. "Lo que tú hablas es castellano". La plática continuó con un discurso sobre como España se forma de Comunidades Autónomas y varias de estas tienen sus propias lenguas: Cataluña, el catalán; Valencia, el valenciano (prácticamente igual al catalán); Galicia, el gallego; País Vasco, el euskera, Castilla-La Mancha, castellano. Estos españoles me estaban presumiendo la diversidad lingüística de su país y yo, como buen oaxaqueño, no me podía quedar atrás. Entonces les empecé a presumir que en México también se hablan varias lenguas precolombinas, como el náhuatl o el maya y que en mi propio estado se hablan varias, pero principalmente el zapoteco y el mixteco. Uno de los catalanes se mostró legítimamente sorprendido y por curiosidad me preguntó "¿y hablas alguna de esas lenguas?".


En Oaxaca se reconocen 16 lenguas indígenas: zapoteco, mixteco, mazateco, mixe, muzgos, chatino, chinanteco, chocholteco, chontal, cuicateco, huave, ixcateco, náhuatl, popoloca, triqui, y zoque. Más 1 millón 165 mil personas hablan una de estas lenguas. Con una población de casi 4 millones de habitantes podría decirse que 1 de cada 4 personas en el estado de Oaxaca habla una lengua indígena.


Viviendo en la capital del Estado adquirí la impresión de que aquellas lenguas solo se hablaban en pueblos alejados de la ciudad, a los que solo se llegaba por caminos de tierra. De hecho, ni siquiera las reconocía como lenguas. Algún adulto por ahí me dijo que como esas lenguas no habían desarrollado escritura, entonces no eran lenguas completas, por eso les decían "dialectos". Así, mientras crecí en Oaxaca, cada vez que escuchaba a alguien hablando una lengua indígena la identificaba como alguien hablando un "dialecto". Otra cosa que me marcó era los lugares donde escuchaba estas lenguas, casi siempre en los mercados; en la sección de pescados estaba la gente del istmo y en la sección de verduras gente de los pueblos del valle. Inmediatamente empecé a hacer la mala asociación de que la gente que hablaba "dialectos" era gente pobre y que seguramente no habían podido ir a la escuela, de otra manera, hablarían "correctamente" el español.


En la escuela desde la primaria nos enseñan la gran diversidad cultural que tiene Oaxaca. Nos hablan de cómo el estado originalmente fue poblado por dos grandes culturas: los zapotecas y los mixtecos, como es que estos tuvieron importantes desarrollos en agricultura, arquitectura, artes y por supuesto, que eran estudiosos del cielo. Nos hablan de la herencia que tenemos hasta nuestros días en forma de la Guelaguetza (fiesta inventada a mediados del siglo pasado), de las artesanías y los trajes típicos. Nos enseñan algunos bailes típicos. Incluso nos llegan a enseñar que en el estado se hablan diversas lenguas, pero nunca, ni en la primaria ni en la secundaria ni en la prepa, me enseñaron una sola palabra en alguna de estas lenguas. Si había una preocupación por que aprendiéramos otro idioma, siempre fue el inglés.


Aprender inglés era y sigue siendo una precupación legítima, después de todo, son nuestros vecinos y el principal socio comercial de México. En el caso de Oaxaca, saber inglés puede marcar toda la diferencia para los que se dedican a la industria del turismo. Ademas es innegable que entre más especializados son los estudios es más necesario saber inglés. Para los estadounidenses es tan normal esa asimetría lingüística que rara vez se toman la molestia de aprender otro idioma: si no haces negocios en inglés con ellos, ya encontrarán alguien más que si lo haga.


Esa visión utilitaria que pone en desventaja al español frente al inglés es lo mismo que sufren las lenguas indígenas frente al español, con el añadido de que la gente que habla estas lenguas se les ve como inferior; un racismo que los ha segregado y mantenido en la pobreza. Así, aprender a decir algo en mixe no es tan llamativo como decirlo en inglés, francés, o cualquier otra lengua europea. Sin embargo, el idioma no es solo para hacer negocios; no es puramente utilitario. El idioma también transmite emociones con las cuales es posible sentir empatía y crear lazos afectivos. No por nada un estadio se vuelve loco de emoción si Mick Jagger a medio concierto dice en español "esto es chido ¡eh!" o saluda diciendo "¡buenas noches México!". Que alguien se tome la molestia de aprender algo en tu idioma refleja un interés por tu cultura, por quién eres y el contexto de donde vienes.


Una noche que me puse borracho en un popular bar del centro de Barcelona empecé a hacer plática con otros borrachines. Ya llevaba un par de años viviendo por allá y ya había tomado un curso básico de catalán, entonces algunas cosas ya sabía. No recuerdo qué les dije a este grupito de catalanes pero se quedaron maravillados de que un mexicano les dijera algo en su idioma (y probablemente lo dije mal). "No ho puc creuer! Un mexicà parla la meva llengua!" dijo uno de ellos conmovido.


Desconozco si hoy en día ha cambiado la situación en las escuelas de la ciudad de Oaxaca. No sé si los planes de estudio hagan más énfasis a la existencias de las lenguas del estado y si se enseñe algo de éstas. Si así fuera creo que podría llevar a un cambio positivo. Es necesario desaparecer esos prejuicios que nos hacen pensar que alguien que tiene como lengua madre una lengua indígena es inferior por no hablar “bien” español. Al contrario, son tan bilingües como aquel que habla español e inglés (y muchos de esos hablamos peor el inglés que lo que un indígena habla español). Es necesario reconocer que para que haya inclusión no es que ellos se vean forzados a aprender español, si no que el estado incluya esas lenguas en circunstancias tan fundamentales como servicios de salud o procesos judiciales. Hoy en día algunas de estas lenguas ya tienen un abecedario con el cual ya producen literatura y ya es posible crear documentación para aquellas circunstancias. Lo que falta es que el estado se tome en serio esa tarea.


La ciudad de Oaxaca ha existido como la metrópolis que ha dado la espalda al resto del estado y abierto los brazos al turismo extranjero. Nos gusta, consumimos y presumimos hacia el mundo la comida tradicional, las artesanías, los bailables y trajes típicos, discriminando, al mismo tiempo, a quienes originalmente las producen.

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