La pinche IA: parte 1
- vidadiv

- 13 nov
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La innovación es componente central para un sistema económico que necesita siempre estar en crecimiento. Pero esto no siempre significa esa innovación resuelva problemas o realmente haga mejor la vida de las personas: con que venda esa ilusión es más que suficiente. Hoy en día es difícil imaginar un mundo sin smartphones y hasta podríamos decir que fue un invento que no sabíamos que necesitamos. Nos hemos creído la idea de que es un instrumento indispensable para capturar momentos importantes de nuestras vidas, compartir emociones con familia y amigos, estar siempre en contacto, siempre disponible y aumentar nuestra productividad. Pero ¿realmente necesitamos continuamente estar en contacto? ¿realmente necesitamos compartir en cualquier momento lo que hacemos y ver lo que hacen los demás? ¿realmente necesitamos estar siempre atentos al trabajo? ¿realmente ha sido una bendición en nuestras vidas?
Una breve búsqueda arroja varios estudios donde se discuten los vínculos entre ansiedad, depresión y el uso excesivo de los smartphones (por ejemplo, en Nature y en Journal of Medical Systems) y como este tipo de adicción se debe en gran parte a que las redes sociales están diseñadas para ser adictivas. El problema es mas intenso en adolescentes, los cuales son presa fácil de los algoritmos de las redes sociales. El problema es tan extendido que en algunas partes del mundo han empezado a tomar medidas, como Australia o Dinamarca que acaban de prohibir el uso de redes sociales antes de los 16 años o escuelas que prohíben el uso de smartphones en salones de clase o en toda la escuela. Hay sicólogos que recomiendan que los padres no les den smartphones a sus hijos hasta que cumplan 14 años y que no los utilicen en la escuela. Pero el advenimiento del smartphone también afecta a los adultos y se ha sugerido que podría ser el causante del decaimiento en la tasa de la natalidad a nivel global: la gente pasa más tiempo en el smartphone, socializa menos, tiene menos probabilidades de tener pareja o tarda más tiempo en establecerse en una relación y por lo tanto tiene menos descendencia.
Una búsqueda en Google sobre los beneficios de un smartphone arroja resultados no muy fiables. Para empezar, las primeras entradas donde hablan de las ventajas (que es diferente a hablar de beneficios) son de las mismas compañías que venden smartphones. Un poco más abajo aparecen algunos artículo de prensa (no científicos) hablando de las ventajas y solo resaltan la posibilidad de estar más en contacto con seres queridos y apps que mejoran nuestra productividad. No parecieran "beneficios", la verdad, y menos que valgan la pena a costa de la salud mental de los adolescentes y el aislamiento de las personas, sin incluir la cantidad de recursos naturales y la producción de CO2 que tienen estos productos. Para Silicon Valley ha sido un enorme éxito y le ha permitido crecer alimentando una economía que necesita de ese crecimiento. Pero la innovación en estos dispositivos ha llegado a una meseta ¿Quien realmente puede decir cuales son las diferencias innovadoras entre las últimas 4 versiones del iPhone? Silicon Valley, o mejor dicho, sus inversionistas, están desesperados por la siguiente "gran innovación", aquello que acelere el crecimiento así como lo hizo el smartphone. Y es cuando aparece la supuesta inteligencia artificial (IA).
Dentro del mundo científico y, en particular, dentro de la física experimental, se tiende a estar en contacto con innovaciones en computación, esto porque en los grandes experimentos se producen grandes volúmenes de datos y estos necesitan mucho procesamiento. Así, recuerdo haber oído desde hace más de 15 años que utilizar GPUs en vez de CPUs podría reducir tiempo de procesamiento e incluso llegué a escuchar a un profesor sugiriendo que se compraran muchos PlayStations y hacer un cluster con ellos, porque saldría más barato que pedir un servidor con las mismas características. También desde ese entonces ya había escuchado hablar de los algoritmos de aprendizaje. Y por supuesto, de vez en cuando escuchaba sobre avances en IA. En una conversación sobre el tema, le decía a mis compañeros que no veía a la IA sustituyendo la inteligencia humana y que más bien nos serviría para extender nuestras capacidades, sobre todo en el trabajo colectivo. Un ejemplo que les decía era que la IA podría buscar correlaciones en los miles y miles de trabajos científicos que se publican cada año y así dar una nueva perspectiva a alguien que esté trabajando en un tema específico. Muchas revoluciones científicas fueron el producto de muchos trabajos acumulados y una mente que pudiera conectar todos esos trabajos: como diría Isaac Newton, montarse en hombros de gigantes para ver más allá. También lo veía como una herramienta para encontrar patrones en los petabytes de datos que se producen en los grandes laboratorios de física alrededor del mundo. Y por supuesto, donde muchos le veían un gran potencial, era en la medicina, reconociendo patrones que pudieran detectar enfermedades de manera temprana. La IA, yo creía, serviría para potenciar las capacidades de la mente humana. Lo que nunca me imaginé es que la IA se utilizara para sustituir operaciones que la mente humana puede hacer y con muy poco esfuerzo.
Lo que ahora llamamos IA, como ChatGPT, Gemini o Grok, son algoritmos que imitan la forma en que nos comunicamos los humanos. Se les llaman "modelos de lenguaje de gran tamaño" (LLMs por sus siglas en inglés), porque son modelos muy complejos, con muchos parámetros, que se ha entrenado con una enorme cantidad de datos (textos de todos los rincones del internet, algunos protegidos por leyes de copyright), de manera que es capaz de reconocer patrones en la forma en que la gente solicita información y da respuestas. Las solicitudes, o promts, son parámetros de entrada y con eso un LLM reconstruye una secuencia de texto que se adecúe a esos parámetros de entrada, es decir, reconoce las preguntas y construye una respuesta. Así, si alguien le pregunta al LLM "¿De qué color es el cielo?", en su entrenamiento hubo muchísimas secuencias de texto que se referían al cielo como "azul", entonces, estadísticamente esa es la respuesta más probable. Ahora, el LLM es de "gran tamaño" porque eso se puede extender a prácticamente todo el conocimiento humano que esté en el internet. Básicamente son pericos con un super entrenamiento y una gran memoria. Pero así como el perico es capaz de reproducir frases humanas pero sin ser consciente o sin razonar qué es lo que está "diciendo", así el LLM. Lo que llamamos inteligencia artificial es muy artificial pero no es nada inteligente.
Stephen Hawking temía que la aparición de la inteligencia artificial pudiera condenar a los seres humanos a la extinción, porque esa IA nos podría superar rápidamente en aquello que nos hace "especiales" dentro del reino animal: nuestra mente. De manera superficial se podría pensar que eso significa que la IA nos conquistaría, dominaría y exterminaría (es decir, el guión de Terminator), pero su temor iba más hacia la forma en que nos afectaría intelectual y emocionalmente. Alguien como él, que desde muy joven fue víctima de una enfermedad que lo condenó a una silla de ruedas, encontraba motivo para seguir vivo en el poder de su mente. Su profesión, físico teórico, no dependía de la fortaleza de sus extremidades, sino de las capacidades de su mente. Pero si una IA hubiera existido que pudiera hacer todo lo que Hawking hizo ¿cuál habría sido su aportación a la sociedad? ¿qué hubiera podido crear o hacer con las limitaciones que tenía? ¿qué es lo que lo habría hecho distinguirse? ¿por qué alguien lo hubiera considerado especial? ¿cuál habría sido su motivación para continuar en una existencia tan complicada? Para muchas personas, su trabajo, su profesión, lo que produce, lo que crea, lo que puede decir que es producto de su imaginación, es lo que los define como personas. Incluso la importancia de una profesión va más allá de quien la ejerce. Cuantas madres no se sienten orgullosas por lo que sus hijas e hijos hacen, por los títulos académicos que logran y que con eso justifican los sacrificios personales que hayan hecho con tal de ver el éxito de sus descendientes. Una verdadera IA podría sustituir todo eso y entonces entraríamos en una crisis existencial sin precedentes.
La IA que tenemos hoy en día dista mucho de ser la IA que Stephen Hawking temía. La IA que Hawking temía podría realmente entender un problema, razonarlo y proponer una respuesta, entender las consecuencias que esa respuesta pudiera tener y, en el caso de las ciencias exactas, formularla con solidez lógica y matemática. No lo haría solamente creando la respuesta mas probable a partir de una extensa base de datos, como la IA que hoy en día tenemos. Pero esta IA también es una seria amenaza a la humanidad, no superando su inteligencia, si no suprimiéndola.



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