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Revisitando una foto

En la foto, a cuadro y en foco, está una mano haciendo forma de cuchara y ofreciendo cacahuates a una ardilla. La ardilla tiene franjas claras y oscuras a lo largo de su cuerpo y orejas cortas y redondas. Está erguida apoyada en sus patas traseras y con las delanteras sostiene uno de los cacahuates mientras se lo come. La ardilla esta trepada en un pequeño muro de concreto y al fondo, fuera de foco, se notan pastizales. La imagen completa tiene algo de ternura. La mano pertenece a mi mamá y la escena la capturé en el verano del 2003.


Estábamos haciendo una pausa en la carretera mientras nos acercábamos al volcán Santa Helena, en el estado de Washington en Estados Unidos. Este volcán hizo explosión en 1980 arrasando con todo lo que había alrededor. En ese verano del 2003 todavía quedaban restos del desastre. Cientos de tallos secos pero todavía anclados al piso dominaban el paisaje. Otros tantos más se podían ver tirados. Pero la vida no tardó mucho en volver a esos terrenos. Pastizales, pequeños pinos y, por supuesto, ardillas. Hoy en día es un sitio muy turístico y esas ardillas parecían estar acostumbradas a la presencia humana. De hecho, incluso parecía que le sacaban provecho. Desde ese punto el volcán ya era visible y se veía imponente, pero rápidamente nos olvidamos de él cuando las vimos trepadas en el muro de concreto. Mi mamá inmediatamente reaccionó haciendo gestos y sonidos de ternura. Me pidió de los cacahuates que yo venía comiendo para ofrecérselos a ellas. Se puso unos en la mano y empezó a acercarse cautelosamente. Una de las ardillas parecía todavía no tener tanta confianza y se alejó, pero la otra se quedó ahí esperando a ver que le ofrecía mi mamá.


La reacción que tuvo mi mamá al ver la ardilla bien podría decirse que confirma lo que propuso Konrad Lorenz a mitad del siglo pasado. Este étologo (los que estudian el comportamiento de los animales) decía que los seres humanos tienen una propensión innata a brindar protección y cariño a seres que tengan características similares a los bebes humanos: ojos grandes, nariz achatada, mandíbulas pequeñas, cabeza grande respecto al cuerpo y brazos y piernas cortas. El paleontólogo Stephen Jay Gould se refería a todo este conjunto de características como cuteness, algo así como lindura. Un ejemplo muy claro de esto son los cachorritos o los gatos. Solo su aspecto nos lleva a adoptarlos y darles comida y protección. A cambio recibimos su compañía, su cariño (si, incluso de los gatos) y un sentimiento de satisfacción de estar haciendo algo bueno por otro ser vivo.


En su momento no lo pensé, pero al volver a ver la foto de la ardilla comiendo de la mano de mi mamá me hizo reflexionar sobre todas las veces en las que yo fui esa ardilla: indefenso, sin mucha conciencia del mundo, ansioso por ser alimentado y sintiéndome querido y protegido por mi mamá. De hecho, fue precisamente por esa provisión de mi mamá que fue posible tomar esa foto. Aunque había sido seleccionado para hacer una estancia de verano en EUA, la beca no cubría el vuelo desde México. Mi mamá lo pagó. Pero yendo más allá, si fue capaz de pagarlo es porque había tenido que emigrar a EUA para buscar las oportunidades que no encontró en México: oportunidades que le permitirían dar un mejor futuro a sus hijos. De nuevo, ese instinto aparece en escena solo que potenciado por ese mismo órgano que también sirve para imaginar, planear y crear eso que reconocemos como una de las expresiones más puras del amor.


A diferencia mía, la ardilla no es consciente del beneficio que saca de despertar ese instinto maternal de mi madre o de otras personas que pasan por ahí. Su aspecto ha sido forjado por la evolución con las restricciones que plantea el terreno en el que vive, su alimento y sus depredadores. Que este tuviera un alto grado de cutness fue un accidente feliz. A diferencia de mi mamá mi primera reacción no fue la de ofrecer alimento a las ardillas, si no sacar mi cámara. Indirectamente de nuevo estaba siendo beneficiado por el instinto maternal de mi madre. La ardilla obtuvo comida, mi madre la satisfacción de tenerla cerca y yo pude tomar una foto. Un buen trato, al parecer.



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