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De leyes y bodas

Si a los pocos meses de conocerse hubieran tenido el impulso de casarse, el estado mexicano no se los hubiera reconocido. Era marzo del 2009 cuando Dante y Alfredo asistieron al cumpleaños de una amiga en común en un bar de la Zona Rosa de la Ciudad de México. Ahí los presentaron y de ahí nació una relación que ya cumplió 10 años, tiempo que tardarían en darle respuesta a amigos y familiares a la pregunta “¿para cuándo el mole?”.


La Ciudad de México, de donde es originario Alfredo, fue la primera entidad en México en legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo. Fue el 21 de diciembre del 2009, cuando la Asamblea Legislativa del aquel entonces Distrito Federal aprobó las modificaciones al Código Civil para que ya no definiera el matrimonio como “la unión libre entre un hombre y una mujer”. La nueva definición de matrimonio sería “la unión libre de dos personas”. Colectivos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero) que esperaban a las afueras del recinto legislativo de Donceles, en el centro histórico de la Ciudad de México, estallaron en gritos y llanto de alegría al saber la noticia. Las banderas con los colores del arcoíris, los cuales representan la diversidad en la comunidad LGBT, añadían color al ambiente festivo. Sin embargo las controversias no se hicieron esperar. La Procuraduría General de la República interpuso una demanda ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, argumentando que tales modificaciones atentaban contra el principio de “protección a la familia”, albergado en la Constitución Política de México. El 5 de agosto del 2010, la Suprema Corte desechó la demanda declarando como constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo y 5 días después resolvería que, aunque tales matrimonios fueran realizados solo en el Distrito Federal, tendrían que ser reconocidos por el resto de los estados de la República.


Dante, con mucho orgullo, afirma ser de Ciudad Nezahualcóyotl, en el Estado de México, el estado más poblado del país. A pesar de rodear la Ciudad de México y de hacer un intercambio diario de más de un millón y medio de personas, el Estado de México, hasta el día de hoy todavía no hace las reformas necesarias para reconocer en sus leyes los matrimonios de personas del mismo sexo (o matrimonios igualitarios, como también son conocidos). Apenas el 3 de julio de este año, los distintos grupos parlamentarios del congreso local acordaron que serían aprobadas tales reformas, pero no dijeron cuándo.


Alfredo estudió contaduría pero después haría la carrera en enfermería. Trabaja en las noches en un hospital en la Ciudad de México mientras que de día hace la contabilidad de clientes privados. Dante estudió Física en la UNAM y luego obtuvo una maestría en Física Médica en la misma universidad. Aunque cada vez más hospitales en México van reconociendo la importancia de tener un físico médico supervisando procedimientos que impliquen irradiar a los pacientes, los lugares son limitados. Dante desde el 2012 se trasladó a Emiliano Zapata, Morelos (municipio cercano a Cuernavaca) para ejercer su profesión en el Hospital de Alta Especialidad “Centenario de la Revolución”. Desde entonces Alfredo y Dante han ido alternando viajes para pasar los fines de semana en Morelos o en la Ciudad de México.


Morelos, famoso por su clima cálido, siempre ha sido un destino de recreo y descanso para los capitalinos. También, es un destino favorito para la realización de bodas. Muchos cascos de las antiguas haciendas que existían en el estado han sido adaptadas como hoteles donde se realizan toda clase de eventos sociales. Por otro lado también muchos emprendedores han construido instalaciones para albergar este tipo de eventos. Dante y Alfredo escogerían uno de estos últimos para realizar su boda.


La ceremonia inició cerca del medio día del 12 de octubre del 2019. El sitio era la Quinta “Emi” en Emiliano Zapata, Morelos, un establecimiento definido como una “casa de vacaciones”. En medio de un gran patio con pasto bien cortado colocaron la lona que protegería del sol las mesas y los invitados. Las mesas se colocaron de manera que rodeaban un templete de madera que haría de pista de baile. Desde la entrada, para llegar a las mesas había que rodear una alberca donde flotaban cientos de pétalos de rosas. Dante y Alfredo pidieron a los invitados que vinieran vestidos de blanco y ellos mismos así se vistieron. Lo que los distinguía era que ambos usaron tirantes y moño dorados y portaron una flor en el bolsillo de la camisa. La ceremonia la ofició una jueza del mismo municipio.


En Morelos, los matrimonios igualitarios son reconocidos dentro de sus leyes locales desde el 5 de julio del 2016. En ese momento Morelos se convertía en el décimo estado en hacer tales reformas. Hasta el día de hoy, 19 de los 32 estados de la república han legalizado los matrimonios igualitarios. Los 14 estados restantes son Durango, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán y Zacatecas.


Al concluir la ceremonia la comida consistió en una taquiza, en la que los invitados podían repetir plato las veces que quisieran. La música estuvo a cargo de un DJ, el cual supo leer muy bien los ánimos (y edades) de los invitados para conducir la fiesta. En vez del tradicional pastel blanco colocado en distintos niveles, hubo una torre con madalenas de colores, o “cupcakes” como ahora son más conocidas. Cuando pregunté a Dante si habían tenido algún problema o actitud de rechazo en la organización de su boda afirmó que no “los proveedores no tuvieron ningún problema”. El único contratiempo, aunque en principio no es grave, estuvo en los formatos que tuvieron que llenar para el registro civil. El papel decía “el cónyuge y la cónyuge”. Los formatos son los mismos en todo el estado por lo que a pesar de que la legislación se reformó hace más de 3 años, no los han actualizado. “De hecho, mi jefe se casó en mayo y tuvo el mismo problema. Tuvo que estar insistiendo que le dieran el formato correcto hasta que lo logró” me contó Dante.


Aunque empezó temprano, la fiesta se prolongó bien entrada la noche. Las cervezas y el tequila no dejaron de circular y la música mantenía el ánimo de la celebración. Alfredo y Dante desplegaron amplias sonrisas durante toda la fiesta y no paraban de bailar salvo por brevísimos momentos en los que sus cuerpos no daban para mas. El frio parecía no llegar y eso animó a algunos invitados a brincar a la alberca con todo y ropa. Poco a poco la fiesta se fue trasladando para allá. Solo unos cuantos nos salvamos de terminar empapados.


Yo llegué a la boda después de que la ceremonia había concluido. Tenía curiosidad por saber si la jueza había dicho algo diferente por tratarse de una boda entre personas del mismo sexo. Le hice la pregunta a Jaime, uno de los amigos más cercanos de Dante. Con una cara de extrañeza me respondió “No, nada más al final la jueza dijo ‘los declaro esposo y esposo’”.

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