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Belleza superficial

Como casi todos los animales, somos hipnóticamente atraídos hacia cosas brillantes. No lo podemos evitar. Aunque no todo lo que brilla es oro, todo lo que brilla nos llamará la atención.


Los primeros seres que desarrollaron células sensibles a la luz podían utilizarlas para diferenciar entre que si estaban nadando hacia la superficie o hacia las profundidades. Hacia la superficie habría más comida, mientras que en la dirección opuesta, frio y tal vez la muerte. Cuando los primeros animales salieron del agua ya tenían un sentido de visión bastante desarrollado. Según su ecosistema se fueron adaptando. Animales de la noche desarrollaron pupilas con un amplio rango de dilatación para captar más luz. Aves cazadoras fueron dotadas de lentes gruesas que les permiten enfocar sus presas a grandes distancias. Y los humanos heredamos unos ojos que funcionan bastante bien para nuestras necesidades. La vida moderna nos ha facilitado la vida y a veces no somos conscientes de lo que somos capaces de ver. Pero me atrevería a decir que uno de los momentos en los que más nos maravillamos de las capacidades de nuestros ojos es cuándo estamos en una noche clara y oscura. Es inconcebible la cantidad de puntitos brillantes que vemos sobre nuestras cabezas y si tenemos suerte, ese cielo estará adornado por puntos más brillantes que los demás. Me refiero, por supuesto, a los planetas.


El mas brillante de todos, por mucho, es Venus. No es difícil imaginar porqué los romanos lo asociaron con la diosa del amor y la belleza. Después de un atardecer inspirador, a manera de encore, sobre ese horizonte aparece un punto brillante. O antes de recibir la luz y calor del sol, está ese mismo punto brillante ya está anunciando el nuevo día. Los mexicas lo asociaban con Quetzalcóatl, mientras que los mayas lo asociaban con Kukulkán. Venus es un claro ejemplo de la atracción que sentimos por lo brillante y como detrás de una bella fachada se puede ocultar una horrible verdad.

No es tan difícil encontrar ambientes inhóspitos para los seres humanos (cualquiera que viaje en metro lo sabe... por cierto, qué lejanos se sienten aquellos días, ¿no?) pero Venus es tan inhóspito que si los profetas judeocristianos hubieran sabido de su existencia, habrían dicho "¿ven ese punto brillante? pues ahí está el infierno". Su brillo se debe a una blanca y densa atmósfera compuesta principalmente de dióxido de carbono. Es tan densa que en su superficie la presión es equivalente a casi 100 veces el peso de nuestra atmósfera, o a estar mil metros bajo el mar. El dióxido de carbono, como sabemos (¡y si nos descuidamos para allá vamos!) es un gas de invernadero, es decir, atrapa el calor que recibe del Sol. Aunque Venus está más de 40 millones de km más cerca del Sol que la Tierra, eso por si solo no explicaría su temperatura superficial de 460º Celsius. El culpable es el efecto invernadero. Tal temperatura es casi el doble de lo que alcanza cualquier horno comercial. Fotografiar la superficie de Venus ha probado ser difícil. Los gringos los han hecho desde órbita con radares. Así han podido reconstruir cómo se vería la superficie del planeta si no tuviera esta densa atmósfera.

Pero quienes lograron depositar en su superficie sondas robóticas y fotografiarla, fueron los rusos. Aparte de sobrevivir el viaje entre la Tierra y Venus, estás sondas tenían que ser capaces de depositarse en Venus sin estrellarse, sobrevivir varios minutos, recolectar datos y transmitirlos de regreso a la Tierra. En junio de 1975 lo lograron.

Esa superficie se asemeja mucho a la que uno puede encontrar cerca de volcanes que haya arrojado lava recientemente. Y en efecto, sumándose a su aspecto infernal, está el hecho de que Venus cuenta con una gran cantidad de volcanes, aunque solo en tres de ellos se ha detectado alguna señal de actividad reciente.

Si, Venus es un planeta feo. Hasta podría decirse que es tan feo que ha preferido ocultarse bajo ese denso velo que es su atmósfera. Además de feo, hostil. Y a ese planeta se nos ocurrió ponerle el nombre de la diosa de la belleza y el amor.

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