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Pálido punto azul


Objetivamente, tal vez sea una de las fotos esteticamente menos espectaculares que se hayan tomando en el espacio. Y al mismo tiempo, es una de las imágenes más significativas que hayan existido. Si no se supiera el contexto o que es lo que hay en la imagen, bien podría pasar como una foto mal tomada, como si se hubiera tomado apuntando a un pedazo de tela oscuro y se haya colado un poco de luz por un lado. Lo único lo que rompe la monotonía de la foto es un tenue haz de luz y dentro de este un puntito, un pálido puntito azul.


Las sondas Voyager 1 y 2 fueron lanzadas al espacio en el verano de 1977. Esta misión se planeó aprovechando una conjunción en los planetas externos que permitiría visitarlos con la menor cantidad de combustible posible. Ambas sondas pasaron por Júpiter y luego visitaron al planeta de los anillos, Saturno. Una de las lunas de este planeta es una de las más grandes en el Sistema Solar, apropiadamente llamada Titán. Dado que era de gran interés poder verla de cerca, se decidió que Voyager 1 pasara cerca de ella. El precio que se tuvo que pagar es que esa maniobra sacaría a la sonda fuera del plano que forman las órbitas de los planetas, impidiéndole visitar Urano y Nepturo. Le correspondería a Voyager 2 visitar estos mundos. Después de su encuentro con Saturno y Titán, Voyager 1 siguió su viaje hacia el espacio profundo a una velocidad de más de 60 mil kilómetros por hora. Para inicios de 1990, ya se encontraba a más de 6 mil millones de kilómetros de la Tierra. Dado que ya no pasaría cerca de ningún objeto que pudiera fotografiar, el control de la misión decidió que había que desactivar sus cámaras. Pero antes que esto sucediera, Carl Sagan los convenció que tomaran un último retrato del Sistema Solar. Este retrato, evidentemente, incluiría nuestro planeta, la Tierra.


El 14 de febrero del 2020, se cumplen 30 años desde que se tomó esa foto y a manera de celebración la NASA volvió a procesar la imagen utilizando tecnología actual. El resultado es la que está al inicio de este post. Ese puntito azul es la Tierra. Es la fotografía de nuestro planeta que a más distancia se ha tomado. Aunque 6 mil millones de kilómetros parece una distancia enorme (y para la escala humana, lo es), es apenas la diezmilésima parte de la distancia a la estrella más cerca después del Sol, Próxima Centauri. A escala astronómica, Voyager 1 tomó esta foto de la Tierra estando todavía a un lado del Sol. Y aún así, nuestro planeta aparece como un puntito. Ese puntito pareciera estar dentro de un haz de luz, como si en efecto fuéramos los elegidos y el Sol nos señalara frente al negro fondo del espacio. Pero es un efecto óptico, la refracción de la luz del Sol en la lente de la cámara.


Carl Sagan, conmovido por esta fotografía escribió una reflexión donde hace hincapié en como cosas a las que le damos la mayor importancia, palidecen ante la escala del espacio que nos rodea. En su reflexión nos intenta llevar a darnos cuenta que todos los conflictos que ha habido entre los seres humanos es una pelea por un punto en el espacio. Un punto del cual dependemos y del cual no tenemos sustituto. Nuestros problemas en la escala astronómica son minúsculos, casi imperceptibles. Sin embargo, si nos parecen grandes, es porque nosotros también somos minúsculos. De la reflexión de Carl Sagan, para mi, lo importante es darnos cuenta que en efecto, a pesar de todas nuestras diferencias, si queremos sobrevivir como especie, tenemos que entender que no tenemos más que compartir ese pequeño puntito azul. Esa falta de conciencia de que no vivimos en un mundo de recursos infinitos es lo que nos ha llevado a consumir como si no estuviéramos comprometiendo nuestro futuro. Ese pequeño punto azul lo estamos transformando en un lugar hostil a nosotros mismos.


Hoy en día Voyager 1 se encuentra a más de 22 mil millones de kilómetros del planeta donde fue construido. Ya ha salido de la protección del campo magnético del Sol y se ha adentrado en el espacio interestelar. Como lo reflexioné en un post anterior, de no corregir nuestro rumbo, esta sonda, junto con la Voyager 2 y un par más que están viajando fuera del Sistema Solar, podrían ser la única evidencia que al final quede de nuestra existencia; una especie la que accidentalmente adquirió conciencia pero que no supo controlar su poder de transformar su mundo.

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