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Los sombreros de los volcanes

Actualizado: jul 11


Para presenciar un espectáculo natural normalmente hay que salir de la ciudad y recorrer un largo camino. Después de todo, de lo que menos se rodea uno en la ciudad es de naturaleza. Pero de vez en cuando la naturaleza es generosa y crea un espectáculo de tal tamaño que puede ser visto con facilidad, aún estando a varios kilómetros de distancia.


Observar los volcanes desde la Ciudad de México no sólo se ha ido complicando por la presencia de smog, también la cantidad de edificaciones hace necesario ir a un lugar alto para poder admirarlos. Por dos años tuve la fortuna de vivir en uno de estos lugares que sobresalía por encima de los edificios circundantes y pude admirar en varias ocasiones (sobre todo al amanecer) la vista hacia el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl. Un día de marzo del 2016 las condiciones atmosféricas entre la Ciudad de México y los volcanes eran favorables para su observación. Pero no solo eso, sobre los volcanes se formaron unas nubes muy peculiares conocidas como nubes lenticulares. Era como si los volcanes hubieran amanecido con sombreros cubriéndose del Sol. Este fenómeno es relativamente común en los volcanes, pero en esa ocasión era la primera vez que me tocó verlo.


Más impresionante aún fue ver que estos "sombreros" eran dobles. Dos suaves capas de nubes lenticulares en cada uno de los volcanes.


Las nubes lenticulares, a grandes rasgos, se forman cuando hay accidentes geográficos (como los volcanes) rodeados de valles que van a hacer que corrientes de aire se desvíen abruptamente. Como es sabido, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl tienen a cada lado los valles donde está la Ciudad de México y donde se asienta la Ciudad de Puebla. Entonces, si un viento cálido y húmedo recorre uno de estos valles, al toparse con los volcanes, asciende rápidamente y al mismo tiempo esto hace que su temperatura descienda. Cuando llega a cierta altura por encima de los volcanes, la temperatura del aire desciende lo suficiente como para alcanzar el punto de rocío (es decir, cuando la humedad se condensa en pequeñas gotas) y es cuando se forman las nubes. El fenómeno de que la humedad en el aire se condense formando pequeñas gotas es similar a cuando queremos empañar un vidrio para limpiarlo (como unos lentes). El aire que sale de nuestros pulmones va cargado de humedad y a una temperatura mayor a la del ambiente. Al tocar el vidrio, que está mas frío, la humedad del aire que exhalamos se condensa formando esas gotitas que empañan el vidrio. Ahora, para que se formen las nubes lenticulares, el aire no sólo tiene que alcanzar el punto de rocío, si no que tiene que seguir fluyendo de manera que esta corriente de aire moldea la nube.



Al ver las imágenes de aquel día de marzo, no es difícil imaginar como las corrientes de aire subían por las laderas de los volcanes hasta llegar al punto donde formaron las nubes lenticulares, brindándonos un espectáculo digno de verse y fotografiarse.

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