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Días 10, 11 y 12: el fin de semana

Hubo un periodo de mi vida que los viernes significaba, de una u otra manera, cerveza, comida grasosa, risas y buena compañía. Pero el cuerpo no aguanta tanto, ni tampoco la cartera. Además esa forma de pasar los fines de semana básicamente me dejaba sin energía para hacer otras cosas y yo quería hacer otras cosas: tomar más fotos, hacer videos y aprender animación. Poco a poco le fui bajando a la fiesta. Llegué a un punto que un buen viernes para mi ya era solo poder sentarme a ver una peli, tal vez con una cerveza y algo no tan pesado de cenar para poder dormir bien. No tenía razones para pensar que esa rutina fuera a cambiar. Si, al vivir más cerca del centro de Coyoacán tal vez me sentiría más motivado a salir, pero lo más probable es que aún así habría estado de vuelta en casa temprano para dormir.


Estos días, como todos sabemos, las formas de convivencia se han alterado profundamente.


Sin embargo, no es la primera vez que las circunstancias me han llevado a recurrir a otras formas de convivencia. Cuando había concluido la maestría, varios de mis amigos inmediatamente se fueron a hacer doctorados al extranjero, mientras que yo todavía seguía en México. Deseosos de seguir conviviendo, uno de ellos pensó en las cyberpedas: cada quien desde su casa se conecta a Skype con su respectiva dotación de cervezas. Pareciera un concepto para perdedores incapaces de salir con más gente, pero la verdad es que funcionaba muy bien y era muy divertido. Tal concepto lo seguimos manteniendo cuando también me fui al extranjero a hacer el doctorado. Conforme cada uno empezó a hacer más vida social bajó la frecuencia con la que nos veíamos, pero mientras alguno de nosotros seguía en el extranjero, no dejamos de hacerlo. Cuando ya todos estábamos de vuelta en México ya no hubo necesidad de cyberpedas. Hasta ahora.


El viernes no fue propiamente una cyberpeda, de hecho Xochitl estaba cenando su cereal y Daniel y Penélope me parece que tomaban agua. Yo era el único con una cerveza. Realmente nos reunimos para discutir los primeros capítulos de WestWorld, que ha vuelto para su tercera temporada. Pero también para ponernos al día en nuestras vidas.


El sábado lo inicié con una nueva rutina de cardio que vi en YouTube, ahora de 20 minutos. A pesar de ser ejercicios que realicé en menos de 1 metro cuadrado, terminé empapado de sudor, lo cual creo que fue bueno. Después de desayunar me puse a trabajar un rato en los códigos de simulación, pero mientras hacía eso puse mi cámara a trabajar en algo que ya había abandonado desde hace un buen rato: los timelapses. Tal vez desde aquí dentro no haya mucho que fotografíar, pero el mismo confinamiento se puede volver un tema, sobre todo que el timelapse es una forma de documentar el paso del tiempo. Ya en la noche volví a sentarme frente a la computadora, pero para una cyberpeda con Marcelino, Ania, Xochitl y Carina. Inevitablemente el tema fue el coronavirus y como la hemos pasado en el encierro. Aunque hay preocupación entre nosotros e incertidumbre sobre lo que vaya a pasar en las próximas semanas, también hubo espacio para bromear y reír. Me hacía mucha falta.


Sin planearlo, hoy en la mañana también estuve en una llamada (nadie estaba tomando entonces no era cyberpeda) con excolegas del doctorado que no había visto en mucho tiempo. Estaban repartidos entre España, Italia y Francia. Claramente, la perspectiva que ellos tienen sobre la pandemia es muy diferente a la que tenemos aquí. Mucha de la plática se fue en quejarse de como lo habían manejado los gobiernos europeos. De cualquier manera, me dio mucho gusto poder verlos aunque sea por video.


Este es apenas el segundo fin de semana consecutivo en el cual no salgo. Tampoco es que fuera la primera vez que paso un fin de semana entero sin salir. Eso ya lo he hecho varias veces a lo largo de mi vida, ya sea por pura flojera, por depresión o por tener mucho trabajo encima. Pero nunca por miedo a encontrarme una cosa de solo 120 nanómetros de diámetro, que podría entrar en mi cuerpo, replicarse y causarme molestias que podrían atentar contra mi vida. O aún peor, que el virus no logre causarme ninguna molestia y yo, pensando que no lo tengo, se lo pase a alguien a quien si podría afectar gravemente. Y sin embargo, todos aquellos fines de semana que me la pasé encerrado había algo que sabía con seguridad: que el lunes, para bien o para mal, saldría de casa.


Mañana seguramente tendré más llamadas y trabajo por delante. Pero ya tengo un proyecto que me servirá de distracción del trabajo y del confinamiento y que creo será divertido armar. No se cuando cuando lo tendré listo, pero aquí están unos frames de lo que tomé estos días.







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