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Día treintayalgo...

O tal vez ya sea cuarentayalgo, la verdad es que efectivamente ya perdí la cuenta. Al principio me parecía un ejercicio interesante contar los días desde que inicié mi distanciamiento social. Ahora creo que es un ejercicio inútil. Llevamos un montón de días viviendo como si fuera sábado o domingo y todavía faltan varios días más. Esa es la realidad.


Otro enfoque podría ser que en vez de sumar días en el encierro, uno fuera restando los días que faltan para cuando salgamos. Pero eso también podría ser un ejercicio inútil, porque no es definitivo que el 1 de junio volvamos a nuestras actividades de forma normal. De hecho, en mi caso, por el tipo de actividad que realizo, no hay ninguna urgencia de tenerme ahí afuera. Mi trabajo lo puedo seguir haciendo desde casa. De hecho sospecho que la UNAM nos pedirá algo así, que mientras no haya una necesidad de ir a CU, no vayamos.


Desde el miércoles 15 de marzo hasta antier, viernes 24 de marzo, no salí. Ha sido el periodo más largo que he durado sin tener que salir por comida o cualquier otra cosa. La verdad es que precisamente si no hubiera sido por la comida, probablemente hubiera aguantado algunos días más. Me empiezo a "acostumbrar" a mi vida aquí. De por sí siempre he sido más hogareño que callejero, incluso antes de estudiar física. Probablemente sea porque desde niño nunca fui alguien que saliera a la calle a jugar. Por un lado, porque la primera casa donde viví era en una zona céntrica de Oaxaca y por lo tanto no se prestaba mucho para estar en la calle. Había un pequeño parque cerca pero obviamente no podía ir solo. Por otro lado, aunque hubiera crecido en un barrio con calles menos transitadas, de todos modos habría estado encerrado estudiando el violín, cosa que efectivamente pasó cuando nos mudamos a un lugar que se prestaba fácilmente para estar jugando en la calle. Bueno, tampoco era algo tan terrible, de hecho sí tenía ratos en los que salía con mi hermano a dar vueltas con la bici, pero obviamente los sentía muy cortos.


Es curioso que cuando tenía los días más ocupados, es decir, cuando tenía que ir al Instituto de Física a hacer mi trabajo, era cuando tenía ganas de hacer más cosas: tenía empezados como 4 libros al mismo tiempo, quería volver a estudiar el violín, quería hacer animaciones, quería escribir, salir a tomar fotos, iniciar proyectos de divulgación. Ahora que tengo el tiempo, pareciera que no tengo la cabeza para ello. Paso muchísimo tiempo viendo las redes sociales. Paso muchísimo más tiempo viendo la tele. Me tomo más tiempo para hacer cosas que solía hacer con rapidez, como desayunar, bañarme, alistarme para salir. Tal vez por eso al final del día el cansancio no se suficiente para que me de sueño pronto. El único cansancio que acumulo es por no haber dormido bien la noche anterior. Hay más de 125 millones de personas en este país y son 125 millones de maneras en que estamos enfrentando esta pandemia. Hay los afortunados que lo hacen desde sus amplios hogares con alberca y extensas áreas verdes. Hay los desafortunados que siguen saliendo a la calle en busca del sustento, pero lo que no hay es gente que les compre. Hay quienes podrían quedarse en casa pero sus jefes no los dejan, aún cuando lo que hacen podría considerarse no esencial. Están los que, como yo, tienen el privilegio de quedarse en casa sin el riesgo (inmediato) de quedarse sin comer. Están los que tienen que salir a trabajar porque si no lo hicieran las ciudades podrían estar en riesgo de colapsar: los que siembran, los que recolectan, los que transportan, los que descargan, los que acomodan, los que etiquetan, los que cobran, los que barren, los que reparan. Y por supuesto, están todos aquellos que están en una constante lucha por evitar que se pierdan vidas humanas.


No se cuando se recuperará la "normalidad", cuando podremos reunirnos con los que queremos sin temor a contagiarnos, cuando podremos salir a comer o cenar en nuestros restaurantes favoritos, cuando podremos abrazarnos y recuperar ese contacto que hace la diferencia entre existir y vivir. Lo que sí sé, es que cada día que pasa, es un día menos para que eso sea posible.


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