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Día 5: planespotting.

Aunque este día no era sustancialmente diferente a los anteriores, por mantener una rutina, decidí hacer rutina de domingo. Para empezar no había nada que me obligara a salir de la cama, por lo que me quedé ahí hasta que el hambre me obligó a pararme. Si, tal vez es una mala costumbre, pero además de ser domingo, sabía que no iba a salir, así que me ahorré el paso de meterme a la regadera. De desayuno me hice una versión pobre de huevos Benedict: huevos estrellados en bagels. Por supuesto me puse a ver tele, y luego decidí hablarle a mi papá.

Hace una semana, cuando ya se hablaba de que habría suspensión de actividades en escuelas y ya algunos empezaban a hacer distanciamiento social, mi papá me habló para persuadirme que me fuera a Oaxaca. Mi respuesta fue que no. Precisamente lo que mas desalientan en caso de una pandemia es la movilidad. De hecho es precisamente así como el COVID19 salió de China, llegó a Europa y fue traído a México. Probablemente ya varias personas antes que yo han llevado el virus a Oaxaca, pero no pensaba ni pienso contribuir a ello. En aquella llamada lo noté bastante nervioso y asustado, pero en parte es porque recientemente le entró una afición por ver YouTube y ya sabemos que ahí hay un océano de desinformación, teorías de conspiración, amarillismo y mucho youtuber que lo único que les interesa es jalar clicks. En la llamada de hoy lo noté mas tranquilo. Tal vez demasiado. Mencionó que salió a jugar su partido semanal de futbol (por un lado que tenga esa capacidad física a su edad lo pone en menos riesgo en caso de ser contagiado, pero por otro se está exponiendo) y que luego iría a ver a mi tío pastor porque iba a dar sermón después de no haber estado un rato en Oaxaca. Ambas cosas no las debería estar haciendo y en el caso de la segunda dudo mucho que se vayan a brincar la parte en la que al final todos se empiezan a dar la mano ¿como decirles que precisamente ese acto de "bendición" los puede "maldecir" con un virus?

A la hora de la comida me hice unos muslos de pollo asados en mi parrilla eléctrica y me puse a ver Cronos, la opera prima de Guillermo del Toro. Recuerdo que a mediados de los noventas, cuando existía Videocentro, mientras buscaba con mi hermano que película rentar (mejor dicho, que película le pediríamos a nuestros papás que rentaran), él me señaló una donde en la portada aparecía algo que parecía un insecto de oro. "Dicen que es de ciencia ficción mexicana" me dijo. Por supuesto, la parte de "mexicana" me desmotivó porque pensé que seguro estaría chafísima. No recuerdo que terminamos rentando, pero invariablemente habría sido una peli gringa palomera. Obviamente a Cronos se le nota las limitaciones presupuestales del cine mexicano, pero por otro,

desde ahí ya es clara la creatividad y talento que tiene Del Toro para contar historias.


Ya para la tarde no sabía si seguir viendo la tele, o hacer siesta. Me fui a asomar a la pequeña terraza que afortunadamente tengo (sobre todo ahora que no hay que salir) y vi un avión que estaba descendiendo en dirección al aeropuerto. Ya había notado que en sus trayectorias pasan entre dos grandes edificios que están construyendo aquí cerca, haciendo un cierto tipo de encuadre. Entonces, saqué una silla y me propuse hacer "planespotting", que es algo que hacen nerds para identificar aviones, de que compañía aérea son y tomarles fotos. Con esto descubrí que hay apps que te dicen en tiempo real la posición de los aviones alrededor de tu ubicación. Así podría saber si el avión que se aproxima vale la pena fotografiarlo o no. Como sea, me preparé con mi cámara y tome fotos a varios aviones, incluyendo un Airbus 380 (el avión de pasajeros más grande que existe) de Air France y uno de la Policía Federal (no se que modelo es, tampoco soy tan nerd).


Los aviones siempre me han fascinado. Aunque entiendo cómo es posible que vuelen, aún así me sorprende que una cosa tan pesada pueda hacerlo. Cuando era niño, siempre me emocionaba cuando teníamos que ir a dejar o recoger a alguien al aeropuerto. Aunque siempre los veía cruzando el cielo de Oaxaca, poder ver un avión de cerca y casi sentir la potencia de sus turbinas mientras despegaba era una gran experiencia. Junto al aeropuerto hay un área deportiva llamada "El Tequio", la cual cuenta con una larga ciclopista que rodea todo ese conjunto. A ese sitio también nos llevaron en un par de ocasiones a mi hermano y a mí con nuestras bicicletas. La emoción era doble, además de correr libremente en un espacio seguro con mi bici, podía también ver aviones que llegaban o despegaban. Me trataba de imaginar que es lo que sentirían aquellos que ocupaban esos aviones. No lo experimentaría hasta unos años después, justo cuando cumpliría 21 años.


El día lo terminé viendo Hunters, una serie de Amazon Prime ambientada a finales de los 70s, donde un grupo de judíos se dedica a cazar nazis. La empecé a ver básicamente porque era la primera vez que Al Pacino hace una serie para televisión. La serie gira alrededor de un hecho real y polémico de la historia estadounidense: el reclutamiento y nacionalización de ingenieros y científicos que no sólo estuvieron bajo las ordenes de los nazis, si no que eran miembros del partido y de cuerpos tan infames como el Schutzstaffel, mejor conocido como el SS. Uno de ellos fue Wernher Von Braun, ingeniero responsable de la creación del Saturno V, el cohete que llevó a Niel Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins a la Luna.


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